DÉJAME ENREDARME (AMANTE)

AMAR…

Déjame enredarme en cada mechón de tu placer desconocido. Anudándolo a mis pies cuando me sujeten las piernas a tus hombros. Abierta de par en par. Totalmente anegada. Rendida. Colmada. Préstalo a mi boca, que mi lengua lo recorra, que lo empape de mí. Dáselo a mis diez juguetes calientes, enmarañados en tu nuca, ensimismados con su premio. Arrástralo por cada punto cardinal. Barre con él mi latitud. Recréate en mis colinas, sin tiempo, sin prisa, mientras mi cuello te ofrece su sangre ardiente. Muévete tan dentro, tan hondo, tan duro… déjale volar en cada entrada, en cada salida. Prometo excitarlo. En un clímax sedoso, largo, oscuro, perfecto. Regálame tus labios húmedos, mientras tu pelo observa en mis caderas. Una vez solamente. Nada más un encuentro. No puedo esperar mucho más. Enrédame ahora.


AMANDO…

Quiero más. Más aliento. Toda tu piel. Grande, suelta, tu mirada jugosa. Voy a girar el mundo, los hemisferios cambiados, yo tomo el control. Subida en la llanura nevada de tu ombligo. En tu línea más recta y meridiana. Tan suelta como tu melena retorciéndose en la almohada. Lasciva la simetría perfecta de las distancias cuando se acortan, dejando de existir. Fundida en cada centímetro de tu sexo, no permito a mi garganta ahogar ni un susurro, todo es mío. Y puedo volar más allá de este cielo porque te has rendido, nadas en mi océano y respiras mi agua. La sal convierte tus lágrimas en gozo. Provocando la marea convulsa de tus manos. Mientras la espuma se acerca y se aleja. Yo detengo el ritmo, abrazo mi cuerpo al tuyo, no hay prisa. Te enredo. A mi antojo.


AMADO…

Tensos tus hombros me amarran, fuertes. Me invitas a lamer cada beso. Clavadas mis uñas en las sinuosas dunas de tu espalda. Tus muslos me provocan, me aprietan, me siembran. La brisa se excita… y gime. Las nubes descienden al tiempo que tú me elevas. Se dejan morder, tocar, rozar… y su sabor nos colma. Aquel que sólo tu y yo tenemos permiso para gozar. En secreto. Nunca en vano.

ANA ARROYO


Magnifico aporte de Ana Arroyo colaboradora y administradora de nuestro grupo en común: “Nosotros los escritores noveles”, también administra en el Facebook el grupo  “Amigos de los libros”, recomendando literatura infantil. En breve publicará un poemario titulado "Taller de Sueños". Participa activamente, en diversos grupos como, “Megagrupo de relatos”, “Escribir por las noches”, “Poesías baja la luna”. Ha publicado dos poesías finalistas en dos certámenes de centro poético. Si queréis degustar sus calidas letras, os aconsejo que no olvidéis de pasar por sus blogs poéticos: http://heidorecordando.blogspot.com/  http://colectivotocarte.blogspot.com

Cruel trastorno


Las hojas de los arboles cruzaban el angosto sendero, la pequeña Jesica paseaba por él, a la Luz de aquella mágica noche.
En su nariz se veía reflejado el extremo invierno. Sus ojos se movían espasmódicamente, sus pies se hundían entre las hojas cubriéndolos en parte, mientras caminaba arrastraba aquellas hojas como una maquina de quitar nieve.
-¡Jesica, cariño! –gritó la madre mientras se encogía en aquel plumoso abrigo.
La pequeña, dio un brinco en un intento vano de despegar sus diminutos pies de aquellas hojas traicioneras, caminó hacia las piernas de su madre.
-Vamos cariño, ven con mamá. –ofreciéndole las palmas de sus manos.
-¡Tú no eres mi mami! -entornando los ojos con extrañeza.
-¿Cariño? Soy yo, ¿Qué te pasa? –ofreciéndole ambas palmas.
-¡Tú no eres mi mami! –volvió a gritar encolerizada.
-¡Jessica obedéceme! Si no quieres que te de una cachete…
-¡Tú no eres mi mami! ¡Perra! –gritó la pequeña.
-¡Pero bueno! ¿Quién te enseñó ha decir esa cosa? –preguntó sorprendida.
-Mi mami me lo dijo… tú no eres ella… tú eres una mala perra. –Afirmó tajantemente mientras, reemprendía su diminuta huida, hacía el lado contrario. Sus pequeños pies parecían volar a ojos de aquella sorprendida mujer.
-¡Jessica! ¡Vuelve aquí! ¡No corras! ¡Te mataré hija de puta! ¡Juro por Dios que te mataré!



 Más relatos en mi blog  "http://entretantopolvounaflor.blogspot.com"

Jubilado

Al fin llegaba al parque de al lado de mi casa que divide y diferencia las dos partes del barrio: la parte noble y la parte humilde y desamparada.
Me dirigía hacia la segunda cargado de dos bolsas de supermercado llenas a rebosar, suspendidas una de cada mano y esquivando hábilmente los excrementos de perro espaciados cada pocos metros.

Estaba próximo a mi calle cuando percibo una música salida de una caja de zapatos, oteo a mis flancos y atisbo a un señor de avanzada edad sentado en un banco rascándose furiosamente la entrepierna.
Conforme se acercaba la radio a su oído izquierdo, con su mano derecha se frotaba vigorosamente sus partes.

Poco a poco pero con paso firme y decidido me acerco más a aquel sujeto. Cuando de repente, veo a una mujer alta, de tez negra y cabello recogido doblando la esquina y yendo en dirección hacia aquel jubilado. Parece africana.

Cada vez comprendía menos la situación, era un tanto dantesca.

Me detengo cerca del umbral de un portal, dejo las bolsas en el suelo y simulo que estoy hablando por teléfono móvil. Nadie parece percatarse de mi presencia.

El señor le hace un sitio a su derecha como buen caballero y la señorita le corresponde con un beso en los labios.

-¡Hija de puta, llevo media hora esperándote!- le abronca el viejo.
-Lo siento, cariño.
-Cariño y una mierda, vete a tomar por el culo.
-Discúlpame.
-Vete descontando...

La joven le coge sutilmente la radio y se la apaga. Se saca un pequeño peine del escote y le empieza a peinar las pocas canas que le quedan al señor.
Comienzan a hablar en un tono alto sin llegar a discutir, y cuando el viejo comienza a alterarse, la morena entrelaza su pierna con la del anciano y éste le empieza a sobar la cara interna del muslo.

No doy crédito a lo que está ocurriendo, me pellizco el lóbulo de la oreja derecha para comprobar si estoy sufriendo algún tipo de paranoia (por otra parte habitual en mí) o estoy siendo testigo directo de la escena.

Se percatan de que ya tienen a un grupo disimulado de mirones alrededor de ellos y una legión de voyeurs apuntalados en las ventanas contemplando atónitos el espectáculo. Dejo de parecer un gilipollas y cierro la tapa del móvil, poniendo fin a la conversación ficticia que iba prolongando en el tiempo.

-Vámonos de aquí- le exige el viejo.
-No cariño, aquí se está bien.
-He dicho que nos vamos.


El señor le coge de la mano a la mulata y le hace una seña indicándole la parada de autobús que se encuentra situada en la acera de enfrente.

Se dirigen hacia ella, y sentados en el asiento de la marquesina siguen dándose muestras de cariño; besos con lengua, toqueteos varios, etc.

El autobús no demora mucho en llegar, el viejo caduco le deja pasar delante de él para no perderse la panorámica de ese culo moldeado.

-¡Zas!.

Le pega un cachete en su trasero que retumba en toda la manzana. La negra ni se inmuta.
Ambos enseñan sus respectivas tarjetas al conductor, una de extranjera y otra de jubilado. Se acomodan en las poltronas traseras del autobús y el chófer cierra las puertas.


Toda la muchedumbre comienza a disgregarse; meto la llave en la cerradura de la puerta de mi portal y logro alcanzar a ver a la negra obsequiándonos con el dedo corazón en un gesto obsceno.

Más relatos y poemas, en mi blog: http://chenel-3.blogspot.com/

Un poco de arte...

Excelente dibujo titulado "Linyera" realizado por Mariano Antonelli a modo de colaboración para nuestra/vuestra revista. Para el que no lo conozca, decir que es un dibujante-ilustrador argentino con un gusto y arte exquisitos; para muestra un botón. Gran aporte.

Más dibujos, ilustraciones e historietas en su original y artístico blog: http://antonellidibujos.blogspot.com/

Víctimas de serie B

En el tren una chica enrojecida por una sesión de playa, curtida por una huída incesante de la fragilidad, me dedica una mirada fija y penetrante como un estilete de hielo, me reta con dureza, espera que abandone, que aparte mis ojos, pero me sorprendo haciéndome jugar a ser su espejo. Depositan sobre mí la frustración y el deseo que acompañan el aura del desdén, sonrío como un canalla sin corregir mis labios, ella rinde sus ojos al exterior del vagón, hago como que sigo leyendo, aguardo el momento de contraatacar y humillarla como forma de seducción, recuerdo cuando la Mala R. vaciló a mi colega Iele, que no se la tiró por no entregarse a su ser más abyecto y mantener la dignidad de reconocerse en su fragilidad, y me viene a la cabeza el polvo salvaje de mi vida, con aquella actriz de excepcional belleza distraída que había sido violada en varias ficciones cinematográficas, la que me exigió darle por culo, golpearla e insultarla en el primer encuentro, que tuvo lugar en el sofá de una casa extraña para ambos, donde la rabia eyaculó en su colon y sin sacarla me desplomé sobre su espalda, atrapando su cuello entre mis mandíbulas hasta cortarle la respiración a causa del breve desgarro que causaron mis incisivos... Vuelvo a la chica del tren, que primero hace como que no sabe que yo sé que ella se sabe observada, después sigue despreciándome, se mantiene firme y pierde el interés por completo en cuanto intuye que, ahora sí, quiero metérsela hasta el fondo en el lavabo del vagón repleto de esclavos como yo. Al llegar a la primera estación del trayecto, en cuanto queda libre el asiento que tiene enfrente, me da la espalda, cortando definitivamente la vía de comunicación visual. La nostalgia inyecta con parsimonia una dosis de calma y disuelve los efectos de la testosterona. Hoy volveré a ver una de esas películas de serie B en las que aparece encasillada en su papel de víctima aquella actriz de la que hablaba. En el segundo encuentro con ésta, ella hizo de espejo con el ser que tenía enfrente en aquel momento, me regaló una noche de admiración, confianza, orgasmos y una despedida sellada en la parada del colectivo con un beso en los labios. Tenía yo 13 años.

Sublime y brillante microrrelato escrito por Ernesto Artesa (Domingo Vital), donde narra magistralmente una historia impactante con un final sorprendente. Es de ese tipo de lecturas que nos gustan en nuestra revista. Más relatos, poemas y artículos en su blog: http://jugandoconlaperspectiva.blogspot.com/

Paso olvidado

Se escucha a los lejos el tren, también a los lejos la columna de humo que como inmensa torre se levanta en la llanura. Un anciano sale de la vieja casucha que ha estado allí desde que el tren apareció por primera vez, incluso mucho antes. Dicen que tiene 50 años, pero la soledad y la caña lo avejenta a uno más de la cuenta.

No es la única casita, hay otras dos, la de una vieja mujer y su nieta y la otra la de un matrimonio y su hijo en espera. El anciano viste de frac, se apresta al concierto de todos los días, tocará unas melodías el tren pasará. El conductor sabe que Paso Olvidado no es una parada, pero es necesario que alguien le pase algunas monedas al viejo, aunque sea por caridad. Lentamente el tren para. Se escucha un sonido, como si pasaran una moneda por el vidrio cortado. El anciano siente placer al tocar. Adentro, la gente desesperada , se cierra los oídos y se espanta la piel de gallina. Algunas monedas caen al piso, hacen sonido sordo, como las de gotas de lluvia en tierra seca, otras ruedan a sus pies, a un niño se le ocurrió tirárselas a la cabeza.
- ¡Vámonos!- El conductor da de nuevo vida al armatoste y se alejan. Felipe Serrano o Lopí como lo conocían aquellos que sí lo conocían, inició la feliz tarea de recoger las monedas que tan "amablemente" les fueron tiradas, cuando alzó la última se santiguó y miró al cielo, ya tenía para comprarse la punta de mortadela, el pan para el almuerzo y la caña para matar sus bichos. Miró a los dos lados por si venía el tren, nada a los lejos.

Cruzó las vías, entró al viejo almacén. En el mostrador, una vieja balanza, en los estantes telarañas, caña y un crucifijo que, claro, no se vende. Aplaudió y salió una mujer igual de joven y anciana que el, llena de soledad y olvido.
- Buen día, Don Lopí- saludó la mujer con el tabaco de mascar de ayer puesto a remojar.
- Buen día, Ña María- Contestó el viejo con su voz aguardentosa por la borrachera que nunca se le iba del todo.
- ¿Que necesita?.
- Mortadela, pan y un poco de caña.
- ¿Cuanto tiene?.
- Sólo esto- abrió las manos donde había monedas, ninguno se percató que allí había una libra esterlina, se suponía que nadie le daría más que para el pan y la caña
-¿ Y Carolina?- preguntó el anciano como quien pregunta por el compañero de juegos, en realidad era sólo eso, alguien a quien podía contarle sus historias de la Guerra Grande, a quien enseñarle a tocar el violín, alguien quien pueda cerrarle los ojos al morir.
- Fue al Pozo del Monte.
- Bueno- Dijo sonriendo, el la esperaría sentado frente a las vías, en la vieja mecedora, con el mismo frac, el violín y sus historias.

Emotivo cuento escrito por Miguel María González, donde narra con sentimiento las aventuras y desventuras de Felipe Serrano "Lopí". Más relatos, información y recomendaciones en su blog: http://orejaylapiz.blogspot.com/.

Cirugía plástica

Ya casi no me acuerdo de cuando dormía en un castillo y vivía de la sangre de bellas mujeres. Antes era el rey de la noche y la luna me sonreía, ahora mi ataúd languidece en un trastero, rodeado de jergones, instrumentos médicos, y ropa esterilizada. Y maldigo el día en que se me ocurrió visitar la sección de perfumería de esos grandes almacenes, y esa mujer me roció por sorpresa con esa colonia.
Hecha con esencia de ajos silvestres, con un poco de jazmín y unos toques de bergamota, me explicó con una voz que parecía un chirrido, mientras yo intentaba ocultar los primeros síntomas de la crisis alérgica.
Y mi vida cayó en picado. Tuve que dejar la sangre que tantos placeres me había proporcionado y, tras múltiples pruebas acabadas entre convulsiones, sólo encontré algo que mi cuerpo pudiera digerir. Sí, las grasas, las acumulaciones adiposas en glúteos y abdomen, los fluidos corporales que desde siempre había considerado más repugnantes. Y que aún ahora, cuando llevo años sin probar otra cosa, todavía hay veces en que me producen náuseas.

Los demás vampiros no tardaron en enterarse, me atacaron y me echaron de mi castillo. Tuve que vagar por los parajes más sórdidos, pernocté en escombreras y vertederos, hasta que, un día, vi un cartel anunciador de un centro estético. Fui allí, hablé con el doctor Fundiño, y este me permitió alojarme en su clínica. Y allí me quedé, convertido en la mascota del personal, en una atracción de feria de la que sólo dejaban de reírse cuando había que practicar una liposucción.

Cuando, años más tarde, me encontré con la misma dependienta que me había destrozado, delante del mostrador de recepción y comentando que le iban a hacer un arreglo de nariz, mis pulmones se quedaron sin aire, mis piernas flaquearon y mi cerebro se llenó de imágenes sangrientas. Y así me quedé, durante unos segundos que parecieron eternos. Luego, una vez respuesto, abandoné discretamente la sala, me encerré en un retrete, y me puse a meditar las diferentes estrategias de venganza.
La operación que se iba a practicar sobre la dependienta era sencilla, salvo imprevistos podría irse luego a su casa. Por tanto, mi única posibilidad sería ponerme ropa quirúrgica –pantalones, bata, gorro y mascarilla-, de la que había en abundancia en el trastero donde dormía, infiltrarme en el quirófano y desfigurarla durante la cirugía. A la vista del doctor Fundiño y de su equipo. Me echarían de la clínica y tendría que volver a la vida errante, a revolcarme en el fango y a tener a ratas y cucarachas como únicas compañeras, pero al menos recuperaría mi dignidad. Aparte de que tampoco sentiría nostalgia de las burlas de los trabajadores, ni de sus continuas bromas a mi costa.
Mientras corría a mi habitación, un paciente ciego se rió de mí. Y entonces me di cuenta de que algo fallaba, de que, por muy bien que me disfrazara, no podría pasar desapercibido en el quirófano.
El olor. Los vampiros, al parecer, desprendemos un fortísimo aroma, muy parecido al de los repollos podridos. Y, pese a que en el resto del cuerpo había conseguido más o menos controlarlo, no sucedía así con el aliento, que seguía delatando mi presencia a la legua. Y eso que me lavaba los dientes al levantarme y después de cada comida, probando todos los dentífricos que me llegaban a las manos.
Justo cuando la zozobra empezaba a adueñarse de mí, me encontré con Mariano, un celador con el que me llevaba muy bien, especialmente desde que le había quitado la celulitis a su novia. Llevaba un carrito con unos frascos muy llamativos, de color verde.
-Ey, Dracu, ¿sabes lo que tengo aquí? –me preguntó, con su característica jovialidad.
-Pues no.
-Un enjuague bucal re-volucionario. Según cuentan, no hay mal olor que se le resista. Toma, te dejo que te lleves uno.
Lo probé y, para mi infinito gozo, funcionaba.
Poco después, era uno más dentro del equipo que se disponía a operar a la dependienta. Nadie me había reconocido, y nadie se dio cuenta de cómo, mientras el doctor Fundiño hablaba con sus subordinados, me acercaba a la camilla donde dormía mi víctima. Me incliné sobre su rostro, blandiendo un bisturí…
… y entonces me llegó una vaharada del mismo perfume que, años atrás, me había hecho sucumbir.
-Por amor de Dios, ¿qué está haciendo aquí, Dracu? –me increpó el doctor Fundiño, una vez los enfermeros consiguieron sujetarme.
A lo que respondí contándole mi historia, con todos sus pelos y señales.
-Pues, siendo así, creo que lo mejor será que se vengue –dijo. Y, a continuación, me devolvió el bisturí.
-¿Cómo? ¿Está hablando en serio, doctor?
-La clínica tiene muy buenos abogados. No se preocupe, que a nosotros no nos pasará nada.

Me puse una pinza en la nariz y, alejando lo más posible mi cara de la suya, cumplí mi misión. Y, cuando salí del quirófano, descubrí la singular belleza de las galerías y las salas de espera, y de las plantas de plástico y de los carteles con consejos médicos, e incluso me hicieron gracia las bromas que unos compañeros hicieron a mi costa.

Singular relato de ficción escrito por Kermit, donde nos sumerge ingeniosamente en una fábula de vampiros y sangre. Más relatos, historias y vídeos en su blog: http://www.kermitsson.com/


OS DESEAMOS FELICES FIESTAS

El cigarro más importante de mi vida

Suena el timbre. Abro la puerta.
- Hola, Cristina. Te presento a Eugênia -dice Jorge.
¿No se le caerá la cara de vergüenza?
Hemos invitado a Jorge a cenar. Que yo sepa, iba a venir solo, pero está claro que trae compañía. Y qué compañía. Menudo cuerpazo tiene la niña. Será cabrón. Míralo ahí plantado, como si no hubiera roto un plato en su vida. ¡Eugênia! ¿Y eso cómo se pronuncia?
-Encantada, Eu-gênia, estás en tu casa -digo. Algo hay que decir, ¿no?
-Obrigada -contesta.
Vamos por el pasillo. Qué cabrón. Desde luego, no se puede decir que tenga mal gusto. Qué culo, por dios, casi me gusta a mí.
Entramos en la cocina. Carlos lleva puesto el delantal de cuadros blancos y amarillos que le regalaron los del curro. Cuando hay invitados, él prepara la cena. Así puede presumir de ser un hombre interesante.
- Hola, chicos. ¿Cómo estás, Eugênia? -dice Carlos. ¡No, si aún se conocerán y todo!- No, no, no hace falta que contestes, ya te veo: estás para mojar pan. -Le da un repaso de arriba abajo y luego me mira y me guiña un ojo, como si a mí también tuviera que hacerme gracia. Pongo una sonrisa lo bastante falsa como para que le quede claro que detesto esos comentarios apestosos. No sirve de nada, nunca va a dejar de hacerlos.
Nos sentamos a la mesa. Carlos sirve el rissotto. Está bueno, se le da bastante bien. El vino está mejor todavía. Lo ha traído Jorge. Tiene buen gusto, el cabrón. Para el vino, para vestir y para las tías, por lo que se ve. ¿No quieres tópico? Toma una brasileña.
Me gusta la camisa de Carlos. Es azul, pero de un azul que no está nada visto, medio gris, y sin una sola arruga. Al muy guarro, con esa percha, todo le sienta bien. Ella lleva una blusa roja que le marca los pezones, y el escote es como para detenerla. Cuando se dan el pico, me pongo enferma. Qué cabrón.
Carlos se levanta, se lleva los platos sucios y va a por el segundo. No consiente que los demás se levanten. Yo me encargo de todo, dice siempre. Lo que tú quieras, pienso yo.
- Tú debes ser brasileña -le digo a Eugênia.
- De Rio de Janeiro. ¿Se nota? -Se agarra por debajo las tetas. Impresiona ver cómo tiemblan. Se ríe y al reírse me enseña la dentadura. Parece que haya estado sacándole brillo.
¿De qué coño se ríe?
- ¿Y a qué te dedicas, Eu-gênia? -pregunto amablemente.
- Soy bailarina. Trabajo en la noche, jajaja. Bares, discos... A veces en el teatro, pero esto está muito difícil. - Y vuelve a enseñarme los dientes.
La verdad es que es simpática. Cortita, pero simpática.
- ¿Y hace mucho que os conocéis?
- Dos semanas -dice Jorge.
Dos semanas no es mucho tiempo para presentarse a cenar con alguien en casa de tu mejor amigo, me parece a mí. Yo no lo haría, desde luego. Y menos, dadas las circunstancias. Alucino.
Carlos trae la carne. Ha hecho carrilleras de cerdo. Al oporto. Mientras las pone en los platos, se mancha el delantal y también la camisa. Ha servido cuatro trozos. Cuatro: ni tres ni cinco. ¿Se puede saber por qué no me ha avisado de que Jorge no venía solo?
No sé muy bien cómo, pero la noche va pasando. De vez en cuando nos miramos los cuatro y sonreímos. Los temas estrella son las favelas, lo que nos llevaríamos a una isla desierta, Kaká y las habilidades gastronómicas de mi señor esposo. Él y la brasileña son los que más hablan. Hago como que les presto atención. Jorge evita mirarme, tanto como puede.
Eugênia anuncia que va al lavabo y desaparece taconeando. Carlos recoge los restos del segundo plato.
Nos hemos quedado solos.
Estoy como un flan. Me cruzo de brazos y le interrogo apoyándome en ese clásico movimiento de la barbilla:
-¿Tú qué?
- Yo qué... de qué -contesta con todo su morro.
No lo llevamos bien.
Me levanto y pongo los brazos en jarra.
- Así que ahora tienes novia. ¡Cómo puedes ser tan cabrón!
- Cris, por favor, que nos van a oír -me dice con cara de asombro, el muy cínico.
- ¿Por favor? ¿No te da vergüenza? ¡Ahora resulta que tiene miedo de que le oigan! -Mientras hablo, irritada, me doy cuenta de que lo hago en voz baja y eso me irrita más aún. Sigo hablando, porque no puedo dejar de decir lo que tengo que decir, pero aun así no consigo subir el volumen-. Que nos van a oír, dice. ¡Ja! Qué gracia me haces. ¿Quién se ha presentado aquí con esa... muñeca hinchable? ¿Miedo? Qué imbécil que soy. Lo que tendrías que tener es vergüenza. No lo entiendo, te lo juro, no entiendo cómo se puede ser tan capullo. ¿Se puede saber dónde narices tienes la... decencia?
Está muy serio. Me desafía. Me desafía con su silencio y con la cara de asco que pone. ¡Encima!
Suponiendo que tenga alguna intención de contestar, no tengo ocasión de comprobarlo.
- Me gustan los... los..., cómo se dice, ...cuadros que tienes en el baño -dice Eugênia al llegar- . Son lindos. ¿Dónde los has comprado?
Los compré en un chino de mierda, pienso.
- Los compré aquí al lado, en un chino -digo.
¡Joder!
Tomamos el postre, un poco de cava y café. La tarta de siempre hoy no está acertada. Demasiado tiempo en el horno. Y se le ha ido la mano con el borracho.
Nos despedimos.
- Cariño, ¿friegas tú hoy los platos? -me dice Carlos bostezando cuando ya se han marchado.
Va a fregar tu prima.
Voy yo al lavabo.
Hago pipí y me aguanto con las manos la cabeza.
Antes de esta asquerosa noche pensaba que estaba a punto de tomar una decisión. La decisión más importante de mi vida. ¿No habíamos quedado en eso? Pero resulta que no había nada que decidir. Resulta que no había nada de nada.
Qué bien.
Cuando llego a la habitación, mi marido me dice muy serio:
- Menuda jaca se ha buscado el cabrón de Jorge.
Estoy muy cansada.
- Tienes razón, menudo cabrón.
- ¿Y ahora por qué dices eso?
No le debe de gustar cómo utilizo yo la palabra.
- ¿Por qué no me avisaste de que iba a venir la tal Eugênia?
- Porque no lo sabía. -Se encoge de hombros. Dice la verdad, no sabe ni mentir.- Cariño, ¿por qué le has llamado cabrón?
- ¿¿Cómo sabías su nombre??
- Pues porque me ha hablado de ella un montón de veces, Cris, qué importa eso. Si hace meses que se la tira. ¿Has visto cómo está la chavala?
Ella, no lo sé. Yo, sí sé cómo estoy.
- ¿¿¿Por qué has hecho cuatro trozos de carne??? -Me doy cuenta de que estoy gritando.
- Cristina, haz el favor, ¿se puede saber qué te he hecho? A mí no me hables así, ¿me oyes? Pensé que igual la traía. Se me ocurrió, hostia, déjame en paz, ¡¡¡yo qué sé!!!
Me pongo de espaldas a él en mi lado de la cama, lo más lejos que puedo. Pasa algún tiempo. El colchón chirría. Noto sus manos en mis pechos.
- Carlos, por favor, estáte quieto -Hablo en voz muy baja, pero él me oye perfectamente y vuelve a su sitio.
Al cabo de unos minutos, le oigo roncar en la habitación. Yo estoy en el sofá del comedor y acabo de encender un cigarrillo. El humo entra en mis pulmones. Respiro hondo. No toso. Y eso que hace ocho años que no fumo.

Sobresaliente e ingenioso relato escrito por Vicente Aparicio (miembro del blog La Karcoma), donde nos mantiene expectantes durante toda la historia y nos induce a ser un comensal más en la mesa. Más relatos de alto nivel en el blog La Karcoma (grupo de autores, totalmente recomendable): http://lakarcoma.blogspot.com/

Tengo hambre

—Papá, tengo hambre.
—Callate un poco que ahora vendrá tu madre con la comida.
—Pero papá, es que tengo mucha hambre.
—Yo también, y no estoy dando la murga todo el tiempo.

Unos atronadores ruidos intestinales quebraron el momentáneo silencio y se despertó el bebé famélico que metido en una bolsa del supermercado asomaba la cabeza colgado del pomo de la puerta. Su llanto, extremo, más desquiciado que una risa majareta, resonaba en la habitación como una legión de lactantes, y no tenía nada que envidiar a la sirena de una ambulancia. El berrido cacofónico produjo en el padre un súbito mareo, algo así como si estuvieran dando las doce con la cabeza metida dentro de la campana; le taladraba el cerebro igual que la liebre escarba en la tierra. Bizqueando los ojos dijo:

—Ya has vuelto a despertar a tu hermano. Me cago en la leche.
—Lo siento mucho papa, pero es que tengo mucha hambre.

Verdaderamente el niño tenía mucha hambre. Hacía ya días que se habían comido al gato y desde entonces apenas se alimentaban de los hierbajos que crecían al borde de la carretera, los cuales devoraban con la resignación propia de una cabra. Su madre había dicho tenerles preparada una sorpresa y Pepito, que así se llamaba el niño, estuvo un buen rato llorando por la emoción, relamiéndose las babas que le chorreaban de la boca como una cascada mientras soñaba con pegar un mordisco a un filete. Sentado a la mesa el ansia se apoderó de él, acentuando, si más se puede, los síntomas de la severa desnutrición evidente en su cara y su cuerpo. El pobre niño estaba chupado, sucio y desarrapado; tenía los ojos hinchados y amoratados; sus pómulos eran puro hueso y sufría de calvicie infantil, debido a una dieta pobre en potasio.


Finalmente llegó la madre con la comida y puso en el centro de la mesa, ante la expectante mirada de la familia, una cacerola humeante que despedía una peste insoportable. Pepito quedó patitieso y se puso blanco debido al hedor. Al remover con el cazo aparecieron flotando dos lagartos. Por el cocido andaban también algunos trozos de un tubérculo desconocido, la quijada del difunto gato y un hueso de pollo, muy poco suculento, que la madre le había podido quitar al perro del vecino, tras darle una fenomenal patada por sorpresa.

—No hace falta que me digáis que estos putos lagartos están un poco duros. Los muy jodidos. Hala, a comer.

La peste bubónica se hacía más evidente al tener el plato delante de las narices, y tal si hubiera inhalado gas mostaza Pepito tuvo un ataque de náuseas y prorrumpió en una profusión de arcadas espantosas antes de quedar traspuesto sentado en la silla. El padre, para dar ejemplo, sorbió con la cuchara el repulsivo liquido de aspecto fecal que en su camino al estómago fue provocando diversas reacciones de rechazo, que se manifestaron en su cara con una secuencia de gesticulaciones de horror.

En ese momento un palomo aterrizó en el alféizar de la ventana. Atónito se quedó el padre un momento antes de reaccionar y emprender una furibunda carrera por la sala con intención de cazar al pájaro, el cual, ante semejante escena huyó despavorido; pero el padre saltó por la ventana con tal afán que le permitió enganchar al palomo, cayendo los dos hacia el suelo en mortal pirueta desde una altura de más de veinte metros.

El muerto viviente se convulsionaba en el suelo con espasmos inconexos regurgitando borbotones de sangre a su alrededor cuando su familia llegó a su lado. Ambos se acercaron muy lentamente llorando desconsolados arrastrándose por el suelo. ¡Papaito! ¡Papaito!, gritaba el niño llorando a moco tendido. El padre, que mantenía aún agarrado el pájaro, al tener a su mujer cerca, estiró los brazos para dárselo, y con su último aliento dijo:

—María, por favor, dale de comer al niño.

Fin

Excelente relato corto escrito por Rafael Homer Ferragut (por cierto, seguidor del blog) donde nos envuelve sutilmente en un halo de hambruna y penuria hasta sumergirnos en una cierta melancolía. Más relatos en su blog: http://relatosinenarrablesparaquedarsepa.blogspot.com/

Mala Puta nunca muere



Lo recuerdo como si fuese ayer, la jodida puta de mierda, me había jodido bien. Tenía toda una carrera por delante, toda una vida de logros; abundante en todos los sentidos.
Ahora mi cabeza, solo pide una cosa, venganza. Me resulta difícil creer que una jodida perra, sin estudios y con una vida de lo más mísera, haya arruinado la mía. Que vuelco te puede dar la vida, que hostia más grande te puedes llevar, si confías en una perra golfa.
La conocí en un burdel de Londres, en uno de esos escaparates, donde las fulanas te muestran la mercancía, por entonces me gustaba mucho frecuentar aquellos ambientes. Buenas zorras para follarlas bien, eso sí, perdía grandes cantidades de dinero por mi deseo sexual. Pero pronto todo aquello iba a terminar, aquella noche, estábamos de celebración, me acompañaban dos amigos Peter Hanson y Jerry Dylan, mis mejores amigos y compañeros de carrera, que  también lo eran de correrías y juergas bestiales. Deambulábamos de escaparate en escaparate, buscando buenas zorras con las que poder pasar una buena noche, entre copas y folleteo.
El dinero no era problema para ninguno de nosotros, proveníamos de familias con gran sustento y poder. Así que Peter y Jerry, contrataron a una belleza del este, Romina decía llamarse, una rubia de nalgas firmes y voluminosas tetas, de grandes pezones. Les apetecía hacer un trío con aquella fulana, yo por mi parte prefería algo mas intimo, así que debía seguir buscando, a una buena folladora, para clavarle bien, mi duro mástil.

 Caminamos por aquellas calles, durante largo rato, ninguna de las vitrinas mostraba lo que yo deseaba, buscaba algo diferente, una mirada que me turbara, una boca sinuosa, unos pechos del tamaño justo para mis manos, un buen culo, contra el que arremeter, buenas cabalgadas, y por tanto, que me provocara, una gran excitación y empalme en mi rabo, en definitiva una gran eyaculación.
Parecía que esa noche no iba a tener suerte, las mejores zorras ya estaban en manos de otros salidos, y quizás yo, tendría que acabar la noche, con mis dos her-manitas.
 Pero aquello no era santo de mí devoción, pelársela en aquella época era de tristes y pagafantas, como dicen ahora, algo lamentable que no me podía suceder.
Al cruzar una de las calles, observé que una joven escultural, salía de un Club, caminaba contorneando sus caderas, a un ritmo frenético. Su larga melena morena, se mecía con el aire de la noche. Mis pupilas se dilataron al ver el portentoso talle, de la joven jamelga.
Mis compañeros, caminaban un paso atrás mío, manoseando a la rubia, que parecía estar pasándoselo en grande.
Caminé con rapidez al encuentro de aquella diosa Londinense que tanto había llamado mi atención.
La joven, se detuvo, al verme que me acercaba hacía ella, parecía comprender que yo era su tipo, y ella la afortunada que se iba a llevar un buen pellizco.
-¿Quieres pasarlo bien, muñeco?
Su voz me dejó, sin habla unos instantes, me trastocó el sentido, jamás me había ocurrido aquello y menos con una meretriz, ¿Cómo podía ser? Ella me miró con aquellos ojos deslumbrantes de fuego y pasión. Me mostró una leve sonrisa, y pasó su mano por delante de mi cara, rozándome con la yema de sus dedos. Aquel cosquilleo, me hizo salir, de mi letargo mental, rápidamente.
-Perdona, pero me pareces una mujer hermosa… -fue la única cosa estúpida que se me pasó por la mente, ¡joder!, parecía, que estaba intentando ligar, con aquella prostituta.

-Acepto tu cumplido, machote, pero… vayamos al grano, ¿no te parece?
 Al escuchar sus palabras, retome la situación y actúe como otras veces, directo a la cuestión, metí mano en mi bolsillo interior de la americana, y le mostré un buen fajo de billetes, sus grandes ojos, aún se abrieron más, esperaba que también sus gruesos muslos se abriesen de aquella manera.
No hizo falta mucho más, sobraban las palabras, caminamos hasta la parada de taxis más cercana, y nos encaminamos a nuestro lujoso hotel. La lujuria por fin iba a desatarse, sin medida.
Al despertar, me sentía confuso, todo daba vueltas a mi alrededor, mis compañeros, permanecían esparramados por el suelo de la habitación, desnudos, Jerry tenía su rostro sobre un vomito de características inimaginables para una mente cuerda, cosa que no tenía nada que ver conmigo.
Mientras Peter agarraba firme un gran consolador de color fucsia, manchado de tonos marrones, que harían vomitar a personas de estomago débil y mente pueril.
Intenté levantarme del lecho, pero la cabeza seguía dando vueltas y más vueltas, la cama parecía estar sobre aguas turbulentas, me incliné sobre mi costado con dificultad,  mi vista buscaba a la hembra, que me había hecho pasar una velada con múltiples orgasmos, que permanecían en mi mente algo confusos.
 No la hallé, ni rastro de la puta que habían contratado mis dos camaradas, las putas habían desaparecido.
Aquella noche fue contada en multitud de reuniones, con otros miembros de nuestra vida social.
Pasaron los meses, cuando recibí un sobre con el membrete del hospital, con los análisis que me realizaba la clínica privada, para conocer el estado físico de mi cuerpo.
Rasgué el maldito sobre y maldije aquella asesina zorra, había contraído el virus del sida.

Club de lectura

Hola a todos los seguidores y participantes de la revista De Gozel. Desde la revista, hemos considerado oportuno exponeros una propuesta.
Crear un club de lectura conjunto en el foro para exponer nuestras ideas acerca de un determinado libro; análisis, sugerencias, conclusiones, tertulias, debates, etcétera.
El club de lectura es de libre participación y consiste en lo siguiente:

-Sugerimos un libro (mejor de relatos, cuentos, poemas o novela corta, algo ágil de leer para empezar y que podamos ir desgranándolo poco a poco).
-Dado que todos no vamos a poseer el mismo libro en casa, pondremos un link de descarga para poder tenerlo todos.
-Elegimos un libro de la lista que confeccionemos entre todos los participantes.
-Ponemos una fecha para el comienzo de la lectura.
-A medida que vamos avanzando en la lectura del libro, vamos analizándolo y dando opiniones en el foro conjuntamente.

¿Qué os parece la propuesta?.
Desde aquí animaros a todos; estamos abierto a todo tipo de dudas, sugerencias, preguntas y opiniones.

A continuación expongo una breve lista de títulos posibles, podéis votar. Siempre abiertos a propuestas.

-Nueve cuentos (J.D. Salinger).
-Romancero gitano
(Federico García Lorca).
-La sala número seis (Antón Chéjov).
-El lazarillo de Tormes.
-Putas de fin de siglo (Miguel Ángel de Rus).
-Lobo hombre
(Boris Vian).
-La metamorfósis (Franz Kafka).
-Lolita (Vladimir Nabokov).
-Bestiario (Julio Cortázar).
-Cuentos completos (Truman Capote).
-Se busca una mujer (Charles Bukowski).
-Historia de perros
(Leonidas Barletta).
-Rock Springs y otros relatos
(Richard Ford).
-Tripas
(Chuck Palahniuk).
-Música de cañerías (Charles Bukowski).

¡Animaros! contamos con vosotros, gracias por vuestra colaboración, nos vemos en el foro.

Ceremonia

Seámos sólo deseo y placer.
Carne.

Me observas.
Observas tu "obra de arte".

Mira cómo me tienes:
Entregada y dispuesta a todo por tí.

Esperando tu carne en mi carne,
las embestidas en mi sexo
hambriento de tí.

Oh, no puedo más, mírame,
toma mis agujeros,
todas las entradas a mi cuerpo te esperan.

No escatimes.
Usalas todas.

Soy el altar para tu ceremonia de placer.
Profáname.
Húndete en mí.

Hazme gemir, gritar, desear aún más.

En este momento eres mi dios
y yo el sacrificio de carne,

disfrútalo.

Desgarrador poema escrito por Srta. Marta, brutal a la vez que genial. Más poemas, citas y fotografías en su blog: http://utopicataraxia.blogspot.com/

Fotografías con arte












































Excelente compilación de fotografías creadas por Raúl-Flakillo, que a través de su objetivo nos hace viajar a parajes insólitos y momentos únicos. Gran aporte. Más fotografías y arte en su completo blog: http://raul-flakillo.blogspot.com/




Juego de niños y juegos de niño

Saqué la pistola que jamás conseguí del bolsillo de mi cazadora de cuero inexistente y disparé contra los enemigos que nunca tuve. Uno a uno, se desplomaron sobre el asfalto de la calle que no pisé en la vida, tiñéndolo de rojo ficticio y componiendo la fantasmagórica escena del crimen que nunca cometí. Por fin los espectros del falso pasado que no viví, y que no me habían perseguido, habían sido eliminados. Mi conciencia descargada respiró tranquila, y se encharcó los vírgenes pulmones recién estrenados del ilusorio aroma del ambiente, enrarecido por el suceso que no había acontecido.

Emancipado de la culpa y huérfano de envites, me sentí libre y realizado. Un cartero, una ejecutiva y un anciano fueron declarados culpables en el fugaz juicio irreal celebrado mentalmente. La condena dictaminada, Pena de Muerte, sin posibilidad de recurso alguno, se aplicó al instante. Juez, jurado y verdugo, la trinidad compactada en mi persona, a la que no le tembló el pulso a la hora de administrar la justicia fingida.

-Jaimito, deja de señalar con el dedo a los señores, que es de mala educación. Te lo he dicho mil veces. ¡Y no te chupes el dedo!

Con quimérico ademán de redención, enarbolé la callada por insignia, ya cansada del polvo viejo de astillero cementerio de estandartes destilado en alquitara de impetuoso heraldo retirado.

Soplé el humeante cañón de mi pistola imaginaria, Tizona de mi justicia implacable, y la enfundé de nuevo con gesto de complacencia.

Y sin soltarle la otra mano a mi madre, le pedí un helado.

Primoroso relato corto escrito por Jaime Ulises, donde nos lleva de la mano del niño durante toda la narración y sólo nos desvela la trama en su fase final. Nos mantiene en vilo... Más relatos y actualidad en su blog: http://soyunparanoico.blogspot.com/

Caviar asesino

Un grupo de personas se golpean entre sí. Miran al piso y maldicen. Sus rostros son un incendio casi extinguido, una luz falsa que parece el resplandor de un televisor en medio de un cuarto con las luces apagadas. Pelean contra algo que parece un pez o un perro, un monstruo henchido de palabras letales; una leyenda colocada en los malos labios adecuados.

Más allá, en el horizonte perpendicular a las vías de un tren; cerca de las barrancas disecadas para el paso, un grupúsculo de niños escucha la cátedra de un minero intrépido. El gambusino de un poema crepitando en las boñigas.

La palabra caviar dilatando pupilas, como la rabia o la peste...

Luego vino la mierda, anticipo impostado de la fatalidad, los animales cerúleo y verde levitando a mi alrededor; el aguijón punzante extraído de la carne para evadir el miedo.

Decapitar el verdor, el azul de una espiral viscosa y el tacto... la pura sensación de impregnar el ambiente con un cuerpo desconocido sobre un piso húmedo, defendiendo líquidos de colores como pescados, como ojos juzgando ante la espada los momentos de desnudarse, de caer como acostarse para siempre.

Poético relato corto escrito por Adriana González, donde nos induce a abandonarnos en su profunda y espontánea lectura. Más relatos, poemas y reseñas en su blog: http://culodeldiablo.blogspot.com/

Factotum

La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes.
Charles Bukowski


Mal asunto…

Es la primera frase que me viene a la cabeza cuando reviso por segunda o tercera vez, con ojos de halcón, las bases del concurso: la cosa pinta fatal. Lo primero que me pone los pelos de punta es la página web dónde he visto la noticia: rechazó uno de mis mejores relatos, alegando que “no encaja en nuestros criterios de selección”. Lo segundo: las historias publicadas este mes tratan sobre la clase de ciencia ficción inspirada en Isaac Asimov o Ray Bradbury que tanto detesto: científicos, naves espaciales e imperios alienígenas; aburridas, poco originales y nada novedosas, el mismo rollo de siempre. Lo tercero: Ballard acaba de sacar un libro a la calle y aún no me lo he comprado (tengo toda su obra publicada en España) por la sencilla razón de que los tres últimos que he leído me parecen exactamente iguales; odio a los escritores que se repiten, es algo que nunca he soportado. Lo cuarto: me salto toda la parafernalia de la historia del certamen, de los presidentes que llevaron la mesa, del lugar donde se celebra la entrega de premios, las anteriores ediciones y el número de ventas de los antiguos ganadores; datos innecesarios que no me importan en absoluto. Lo quinto: los relatos deben ser originales (como siempre), no haber sido premiados en ningún concurso ni estar pendientes de resolución (lo típico), tener entre 10.000 y 20.000 palabras (demasiado largos para mi gusto), legibles (mandar cuentos escritos en tablillas de piedra como en el neolítico está descartado), nada de cuentos breves si no están unidos por una temática común (supongo que lo dirán para que nadie envíe todas las historias que jamás logró publicar), encuadernados o cosidos, doble espacio (para que el jurado no tenga que esforzar la vista) y por correo normal (mínimo cincuenta o sesenta euros en gastos).

Mal asunto…

Indiferente, muevo el ratón y continuo leyendo el resto de la página: seudónimo (para que nadie pueda decir que el certamen está amañado), datos personales en sobre aparte: nombre, apellidos, número de documento nacional de identidad, dirección, teléfono, correo electrónico, Currículum Vitae y estado civil (sólo falta una muestra de sangre y de orina). Primer Premio: 3.000 euros. Segundo Premio: 1.500 euros (aunque si el jurado lo considera oportuno puede declararse desierto). Fallo del jurado: inapelable. Entrega de premios: dentro de seis meses. En el caso de editar una antología, los autores no premiados ceden sus historias, no recibirán ningún tipo de remuneración económica (la pasta se la llevará la editorial que publique el libro). Enciendo un pitillo y esbozo una sonrisa sarcástica delante de la pantalla: a la gente le encanta tener las espaldas cubiertas. La última cláusula está a punto de arrancarme una carcajada burlona de los labios: “Los trabajos no premiados no podrán ser retirados por los autores, en un plazo de 30 días a partir de la entrega de premios, serán destruidos”.

Mal asunto…

Relajándome, me inclino hacia atrás en la silla, apuro el pitillo con dos caladas perezosas y reviso por cuarta o quinta vez las cláusulas. ¿Es una buena idea participar? De inmediato, abro una ventana anexa y busco información sobre los vencedores de certámenes anteriores en Google. Curiosamente, reconozco dos o tres nombres, todos habían publicado en papel antes de ganar el concurso, parece que el jurado tiene buen ojo para elegir a sus peones. Sopeso los pros y los contras: escribir la historia, revisarla, imprimirla, enviarla por correo, esperar la respuesta… Tengo un problema, el peor del mundillo literario, tan grave como una enfermedad infecciosa a la hora de practicar el sexo: soy escritor novel. Por amarga experiencia, luego de haber sido rechazado por más de cincuenta editoriales de todo el planeta, sé que ningún editor se arriesgará a publicar una obra, por buena que sea, si los índices de ventas no son favorables: los negocios son los negocios. Visto lo visto, participar en el concurso será una pérdida de tiempo y de dinero, ganará algún enchufado como de costumbre, perderé una pasta que podría utilizar de manera más positiva: irme de copas sería la opción ideal. Apago el Marlboro en el cenicero y fantaseo con escribir una historia convencional, algo mediocre y patético, sobre la humanidad dentro de cinco mil años en el espacio exterior, una Space Opera tipo Star Trek que tanto gusta a los editores. La idea recorre mi mente de un lado a otro: un hombre, utópico, inteligente y limpio hasta más no poder, como el capitán Kirk o Luke Skywalker, debe combatir por la salvación del universo conocido contra una raza malvada, poco atractiva y de apariencia insectizoide, que planea aniquilar a la raza humana, especie que ha invadido su territorio, aniquilado a sus habitantes, creado campos de concentración y cámaras de exterminio, impulsada por fuertes motivos económicos: la vida misma desde que el hombre puso los pies en la faz de la Tierra.

Mal asunto…

Evidentemente, aunque la historia no cese de tener cierto atractivo, sé que jamás me rebajaría a escribir algo tan vomitivo. Como persona y como novelista, tengo unos principios personales y estéticos, imposibles de romper, que se resumen en cuatro puntos:

1º-No ser comercial.
2º-Llevar la contraria a las modas.
3º-Intentar superarme cada vez que escribo algo.
4º-Ser lo más auténtico que pueda.

Por último, decido pasar del concurso y dejarlo para gente más cualificada: me temo que un relato mío encajaría en el certamen tanto como Patrick Bateman en un comedor de beneficencia. Reviso lo que he escrito y lanzo una carcajada. Sé que es una locura y que poca gente se atrevería a publicarlo: nadie puede decir que no intento ser original. He disfrutado mucho escribiendo esta historia. En eso consiste ser novelista… ¿Entiendes lo que quiero decir?.


Genial relato escrito por Alexis Brito Delgado donde nos relata de forma verídica y sin ataduras la dura realidad a la hora de publicar tanto en editoriales como participando en certámenes. Expone con acierto el compadreo que reina en variados certámenes literarios, las elecciones a dedo y el "yo te doy hoy, tú me das mañana...". Muchos de nosotros nos sentiremos fielmente representados e identificados con este relato (o al menos en mi caso en particular). Pero siempre nos quedará nuestros principios y nuestro orgullo propio como escritores, y por supuesto, los fanzines donde expresarnos.
Más relatos e imágenes en su blog: http://alexisbritodelgado.blogspot.com/

Supersticiones


Martes 13 de junio,
me levanto de la cama con el pie izquierdo,
como de costumbre,
me visto deprisa,
hace un día caluroso,
algo me dice que va a suceder un acontecimiento desagradable,
lo intuyo,
en mi mente no dejan de venir flashes y flashes del incidente.

Me sirvo mi tazón diario matinal de cereales ahogados en abundante leche,
al introducirlo en el microondas derramo el bol,
con mi consiguiente enfado y serie de blasfemas variadas.

Me visto y bajo a la calle,
un gato negro y viejo se cruza fugaz en mi camino con ojos cristalinos y verdes como la hierba,
se esconde debajo de un coche atemorizado,
sospecho que él también intuye algo,
a su edad seguro que ya ha gastado cinco vidas.

Al pasar por el restaurante de la esquina
alcanzo vagamente a ver al camarero,
vertiendo la sal sobre la mesa de un solitario cliente en un intento malabarista para evitarlo,
pocos metros mas adelante atisbo un andamio,
lo esquivo a duras penas entre la muchedumbre
a la vez que una pareja de origen oriental me impiden avanzar,
con su paraguas abierto,
evitando así que el sol acaricie su blancuzca y delicada piel de melocotón,
andan delante mío con un ritmo cansino y autista,
hablando no sé que idioma,
me suena a chino,
apuntan fascinados con sus dedos a todos los edificios de más de treinta alturas,
¡jodidos rollitos!.

Entro a la panadería y observo detenidamente que la escoba está cambiada de lugar,
detrás de una puerta situada al revés,
cruzo los dedos y toco la madera del mostrador,
¡Dios me bendiga en este día insufrible!,
desando mi camino y vuelvo a casa con mi pan,
me dispongo a subir y antes de ensartar la llave en la cerradura
golpeo tres veces la punta contra el pomo,
buena suerte,
o eso creo.

Me desvisto y me doy cuenta de que mis calzoncillos están del revés,
voy al váter,
me miro al espejo y examino el pequeño derrame en mi ojo derecho,
me lavo la cara
a la vez que el agua purifica mi arrugado rostro,
escucho el frenazo de un coche en la calle,
lamento incesante de ambulancias...

Más relatos y poemas en: http://chenel-3.blogspot.com/

Rostros de (in)felicidad


Salió de su casa, si esa habitación donde vivía podría considerarse así, después de comer lo que había conseguido el día anterior de los contenedores de los supermercados. Como cada día al anochecer, recoger las sobras que los supermercados no podían vender, era parte de su rutina cuando éstos cerraban. Aún viviendo así, era feliz y no lograba entender cómo los rostros de cientos de personas que se cruzaba diariamente en la ciudad indicaban lo contrario, cuando seguramente tenían un hogar decente, una familia, amigos y mejores ropas, salud y buena alimentación. Las circunstancias de su vida lo habían dejado solo y arruinado, a él y a su talento musical que nunca nadie supo reconocer. Pero tenía esperanza y mucho tiempo libre, hasta que la mujer de negro le acabara secuestrando como ya había intentado hacía un par de años, suerte que esa vez logró escapar.

Se pasaba las mañanas y las tardes en el metro de Barcelona, yendo de una línea a otra, tocando con su clarinete canciones alegres, acompañadas del sonido del piano emitido por un cassette que conservaba desde hacía años. Quizás algún día alguien reconociera su talento, pero ese no era su objetivo principal. Cuando entraba en cada vagón, las personas que lo miraban y se daban cuenta de su presencia lo hacían con recelo y cansancio. Pero sus caras cambiaban al oírle tocar. Le sorprendía la infelicidad que mostraba cada rostro, el estrés, el aburrimiento, el cansancio y únicamente les quería mostrar lo sencillo que resultaba ser feliz, como lo era él, a través del sonido que podía crear con su fiel instrumento. No hacían falta palabras antes de empezar, se darían cuenta de su presencia. Cuando llevaba pocos segundos tocando, podía ver, de reojo, cómo los que llevaban auriculares se los quitaban y le escuchaban atentamente, cómo los niños se quedaban con la boca abierta mirándole fijamente o los bebés apagaban sus llantos, cómo los rostros más serios esbozaban una pequeña sonrisa o cómo algunas personas acompañaban el ritmo de la música moviendo uno de sus pies, sus manos o la cabeza. Estos pequeños gestos le llenaban y era lo que le daba energía para seguir viviendo con esperanza.

A pesar de que cada vagón fuera distinto, ocupado por personas distintas, solía suceder lo mismo aunque no siempre era así. Más de una vez lo habían humillado ciertos energúmenos que aparentan ser personas pero que no llegan a serlo, sin ninguna razón. Se había llevado alguna paliza, incluso le habían robado las pocas monedas de propina que había podido recoger con su vaso de plástico en una jornada de crisis. Pero no le importaba, valía la pena, porque sabía que el tiempo iba a poner a esa especie minoritaria en su lugar. Cuando llegaba a su casa, después de recoger lo que podía de las sobras de los supermercados para poder comer al día siguiente, cenaba y se tumbaba en su cama para dormir.

Antes de dormirse hacía repaso mental de su día y a veces se preguntaba qué pensarían las personas de él. Si les había llegado tanto que se acordarían, aunque fuera durante ese único día o, simplemente, el momento de felicidad que les transmitía se volvería a desvanecer al dejar el metro. Veía miles de caras diferentes durante cada día y sin que se dieran cuenta, se fijaba en algunas de ellas y tenía curiosidad por saber algo de sus vidas. ¿Por qué no podría pasar que también se fijaran en él? Quién sabe… a lo mejor algún día, alguien lo recuerda y escribe algunas líneas sobre él y su clarinete, imaginando cómo podría ser su vida realmente. Claro, sólo sería posible imaginarlo, porque él era el único conocedor de esa verdad.

Estupendo relato con el que nos deleita Krys, donde nos sumerge desde la primera letra en el personaje de su relato y sus peripecias; con unos finos y elegantes toques a la hora de narrar.
Más relatos, arte y actualidad en su blog:
http://krysmirror.blogspot.com/

Con Clark Kent en La Colmena

De Victor Munguia


7 pm. en La Colmena : Clark Kent estaba esperando que llegara Luisa, era la misma pared en la que antes habia visto recostado a Camilo Sesto, notable, seguramente, porque alli habia vuelto muchas veces. Nadie me miraba a estas horas, todos estaban atraidos por la fantástica figura del hombre de acero.

Venía del Bar Munich, me despedi de los compañeros de oficina y estaba decidido a no detenerme , como todos los curiosos, para saludar a Clark Kent y preguntarle que tal era el trabajo en el Planeta.

Pero, Clark estaba tan ocupado en ser famoso que quizá ni se dió cuenta que yo pasaba por alli…Yo, que tenía unas copas demás y lo único que queria era encontrar a Olga, acariciarla, llevarla al cinco y medio, en taxi, morder su boca y desquitarme por esta larga semana aguardando nuestro encuentro de los Viernes…

Me detuve en ese mismo lugar y no dije nada, ni como estás Clark, tampoco le di un apretón de manos como se hace con los personajes célebres. Yo seguia pensando en Olga.

No sé si este Clark Kent tiene una pizca de idea de lo que significa estar aqui, mezclarse con los humanos y desear muy fuerte que ella no vaya a faltar a la cita, como hacen muchos en esta esquina del viejo Hotel Crillón, aunque en su rostro incomodo se podia adivinar su impaciencia.

Pero ya no era posible escucharlo cambiar de tema y que me diga lo mal que jugó la U, que nos contemos la historia de nuestro hinchaje, y del campeonato perdido porque en esos momentos apareció mi Olga, con su ropa ajustada, provocando que los morbosos volteen a mirarla y se exalten con la visión de su cuerpo fenomenal, su blusa roja, su pantalón negro, su rostro de cantante chicha.

Y no oi más a Clark Kent, ni a sus superamigos que le hacían compañia para que no sintiera la demora de su amada que estaria tratando de tomar una combi desde su oficina hasta el centro de Lima.

Ante el cuadro renacentista de Olga y yo abrazados, Clark hizo una mueca de hombre de acero derrotado, como si la kriptonita escondida en alguna parte le estaria haciendo efecto. Lo compadecí.

Ya estaba pensando en que hotel, yo y Olga, iriamos a parar cuando el imbécil de Clark se acercó y totalmente inoportuno exclamó fuerte no me presentas a tu amiga ?..Lo miré con desprecio pero el superidiota no lo notaba o se la daba de vivo, le extendió la mano y ella emocionada le pidió que le firmara un autografo para sus hermanitos..me reí.

Nunca me dijiste que creias en estas historietas absurdas de superheroes y pamplinas que hacen para los minusválidos cerebrales…pero Olga ya no me escuchaba.

Estaba embelesada con Clark, y seguian hablando como si yo no existiera. Caminé hacia un vendedor ambulante y compré un cigarrillo, los dos simulaban no darse cuenta que yo no estaba y platicando se alejaban de mi.

Di unos pasos, senti tambalearme, encendí el cigarrillo y le pedi a Santa Bárbara que me sacara de alli, era un recurso que me enseñó la abuela. Y dió resultados. En dos minutos un taxi se paró a mi lado y subí sin decir nada, llévame a la Nene, le pedí.

Y allí en la Nene, quise olvidar a Olga y su traición. Me perdí con Ivonne, en esos cuartos sucios y viejos, me quité la corbata y ella me preguntó cómo se llama? Quién le pregunté y respondió esa que te ha hecho sufrir..Cómo sabes eso? Porque estoy acostumbrada a escuchar estas historias..y tú tienes una, no ?

Si, pero no voy a hablar de ella, ni de Clark Kent, Camilo Sesto o los superamigos, sólo que hoy he dejado de creer en los superhéroes, las mujeres y los cuentos de final feliz. Soy puta mi amor, puedes hablar con confianza, dijo mientras se desnudaba..La tomé de los hombros, la besé en la boca y le susurré al oido no, tú no eres puta..ella es más puta que tú…Y abandoné para siempre esa noche al niño que yo era.

Magnífico relato corto de Victor Munguia. Con Clark Kent en La Colmena es un conjunto de relatos cortos entrelazados unos a otros que tiene como escenario La Colmena y New Jersey.
Muchas gracias Victor por tu colaboración para la revista, y desde aquí seguimos ese excepcional surtido de relatos cortos entrelazados.
Más relatos y escritos en su blog: http://primaverarojayotrosrelatos.blogspot.com/

Arte en estado puro

















Soberbia compilación de fotografías creadas y elaboradas por Jose Andreu Benavent, un ARTISTA- INNOVADOR con letras mayúsculas. "Porque una imagen vale más que mil palabras". Gracias por el aporte.
A continuación os dejo su original fotoblog: http://cita.mifotoblog.com/index.php

¡Ya tenemos foro!

¡Ya tenemos foro en nuestra/ vuestra revista! para compartir ideas, sugerencias, preguntas, propuestas, clubes de lectura, etcétera.
En la parte derecha de la pantalla aparece el icono "Foro literario". Os animo a registraros y participar para ir haciendo de De Gozel un gran fanzine. Son muy sencillos los pasos para registrarse, en pocos segundos estaréis registrados e interactuando.

Desde aquí agradecemos sinceramente vuestra colaboración y participación y, ¡animaros a registraros!.
Nos leemos en el foro... un cordial saludo a todos los seguidores y lectores.

Yo sabía que me había muerto


Después de mucho tiempo lo había logrado, mi eterno retiro, ya podía disfrutar de mi propia casa en las afueras de la ciudad, me gustaba especialmente mi biblioteca, con su alfombra, sus estanterías repletas, una pared con un cuadro enorme, una estufa a leña hecha de piedras y una ventana que daba al jardín, directamente al limonero. En el centro tenía una mesa de pool y un piano. Mi sofá estaba de espaldas a la ventana, y a mi izquierda tenía mi mesita de licores y tabaco.
Un domingo, después de una comida familiar (de las que duran hasta las seis de la tarde) después del café, mi esposa, mi hija y su marido salieron al sol del jardín a tomar el té, eran cerca de las tres de la tarde y a mi se me cerraban los ojos del sueño. Me fui a mi biblioteca, eché algo de leña a la estufa, y me senté en el sofá, encendí mi pipa y me serví un whisky. Tenía todos los puntos a favor para una merecida siesta, estaba leyendo "La senda del perdedor" de Bukowski, el sol me calentaba la espalda.
Poco a poco me iba quedando dormido, sentía mucha paz, cómodo y relajado en el sofá, estaba feliz. Dejé caer el libro, puse el vaso y la pipa cuidadosamente en la mesa, y entonces me morí. Sí, estaba muerto, me había tocado, no estaba dormido porque de alguna forma sabía que había muerto. Estaba flotando en la nada, no oía nada, no veía nada, no sentía dolor. Sólo pensaba y sentía paz, no puedo explicar como es la nada, porque no es descriptible con palabras y no la puede imaginar ninguna persona. Sólo yo sé como es. Al cabo de un rato, pude oír una voz lejana y una fuerte luz me atravesaba los parpados.

-Cariño, despierta, te has dormido en el sofá y te va a doler la espalda.
Estaba desconcertado.
-Gracias, ahora salgo al jardín.
Estaba dormido, pero yo sabía que me había muerto.

Notable relato corto de mi amigo Rantifuso, donde nos sumerge por completo en el papel del protagonista. Desde aquí, agradecerle la colaboración con este escrito para nuestra revista.
Más relatos, poemas y tango en su blog: http://losquellegarontarde.blogspot.com/

En el camino, versión postbeat


-Sigue tú camino, yo seguiré el mío.


Un hombre vestido con harapos sentado en medio de la plaza del Ayuntamiento rehusó mi conversación. Estaba demasiado ocupado recorriendo su camino. Jamás he visto tanta firmeza en la mirada de una persona, tan lúcida seguridad amparada en el vacío. Sin casa, ni familia, ni aspiraciones, el sucio vagabundo, reclinado en una bolsa de viaje, contemplaba sosegadamente cómo el sol alcanzaba el punto más alto del cielo. Puede que mi interrupción fuera algo temeraria. La mayoría de la gente suele obviar a los viejos solitarios. Los toman por locos, enfermos mentales, violadores o ladrones. El viejo de la plaza del Ayuntamiento no pertenecía a ningún grupo parecido. Posiblemente no pertenecía a nada ni a nadie. El y su bolsa eran en sí mismos la única posesión valiosa. Es fácil atribuir a los harapientos el fracaso y las penurias. Todos estamos demasiado ocupados luchando por nuestras metas y respectivos destinos, atravesando la oscuridad del túnel postmoderno con celeridad para alcanzar la tenue luz que nos indica la deseada posesión de alguien o algo. Pero él había llegado ya al final del túnel, a la culminación de las inquietudes. El camino que decía recorrer, diametralmente opuesto, no le preocupaba; aprovechar la luz del día para estudiar el matiz de las nubes y el tono del cielo, contar palomas y descansar en cajeros automáticos repletos de billetes manejados por una máquina. Muchos piensan que los vagabundos no tienen nada que decir. Después de conocer al viejo del Ayuntamiento he invertido esta creencia. Somos nosotros los que no tenemos nada que decir. En otras vidas, en siglos anteriores, en praderas verdes y campos diáfanos, ellos ya han vivido y existido y luchado y sufrido lo que ahora nosotros, los ocupados, consideramos importante.


Mi camino era el camino del mismo modo que su camino era el no camino. Podré seguir viviendo, claro, arrancando hojas del calendario y ahorrando y follando y bebiendo y ganando y escribiendo. Eso sí, como me enseñó categóricamente el viejo harapiento, si ves a un hombre con barba y una bolsa de viaje, sin prisa y con dirección aparentemente perdida, déjalo, está siguiendo su camino. No trates de enseñarle la brújula. Está ocupado contando estrellas y recorriéndolas una por una.

Excelente relato corto de mi colega Vanity Dust, donde nos hace reflexionar de forma aguda. Desde aquí, agradecerle la colaboración con este escrito para nuestra revista.
Más relatos y escritos en su blog: http://www.vanitydust.com/

Perseguido

Los viejos cordones deshilachados de mis zapatos reptaban por las frías baldosas de aquel suelo de motel.
Parecían querer salirse de los pasadores, como perros atados a un árbol zafándose de sus correas.
Todavía podía sentir el palpitar de mi corazón latiendo confuso y descoordinado con relación a mi respiración.
Estaba magullado, drogado y en busca y captura por aquellos mercenarios infames.

-Click.

Desde mi silla percibí el sonido leve de una campanilla anunciando que el ascensor se ponía de nuevo en marcha. Mi patata se volvía a avivar. Un escalofrío recorrió mi espinazo llegando hasta el talón.

Contemplo fijamente el cuadro de la pared; es un cuadro grande, hermoso, con la figura de un payaso.
Tiene una mirada melancólica como si quisiera decirme algo, lo noto un tanto acongojado.

-Debo estar alucinando...

Tenía que ocultarme en algún sitio que fuera medianamente seguro.
Me levanto torpemente y piso uno de mis cordones con el otro zapato, con el consiguiente traspié y estruendo, a la vez que vuelve a zumbar el maldito sonido de la campana del ascensor.

-¡Crash!.

He destrozado involuntariamente el espejo del armario con mi cabeza de alcornoque y mi torpeza habitual.
Me sangra abundantemente mi mano derecha, la abro y cierro, siento el pulso enérgico.
Retiro desde el suelo de un zarpazo las cortinas y me asomo al balcón.

-Mierda, demasiado alto- rumio para mí.

Sopeso la posibilidad de invadir la terraza de al lado, pero tarde o temprano me encontrarán.
Mi visión se vuelve borrosa y siento como mi tensión comienza a bajar.

Lo único que recuerdo cuando me desperté fue un agrio sabor en los labios, ese día comprendí a qué sabe mi propia sangre...

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Un poco de arte, dibujo propio.

Aquí os dejo un dibujo que hice hace algunos años. A veces tengo momentos de inspiración y empiezo a crear dibujando a lápiz, una manera más de sacar lo que llevo dentro.

"A dibujar se aprende dibujando, no hay más secreto". -Cosecha propia-.

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LIPOFILANTROPÍA




Basado en hechos y personajes demasiado reales




Y así es como empezó todo, un buen día en el que el doctor-cirujano Rubén le comentó su idea a su pareja, Boris Godunov, estrella mediática televisiva, colaborador del programa de mayor audiencia de la parrilla en su franja horaria nocturna.
- ¿Qué opinas cariño? ¿Verdad que es una manera extraordinaria de ayudar la gente? ¿Tanto a unos como a otros?-dijo el doctor-cirujano, propietario de una clínica de estética situada en pleno centro de la ciudad.
- ¡Ya lo creo que sí! ¡Mañana lo anuncio a bombo y platillo en el programa! ¡Va a ser una bomba! ¡Seguro que al jefe le encanta! -respondió la estrella mediática con su característico acento venezolano y sus ademanes digamos, afeminadamente plumíferos, tan imitados a lo largo y ancho de nuestra estimada nación.
Y efectivamente, al día siguiente, cuando hizo su entrada en el plató del programa, entre los aplausos del público y la habitual musiquilla que acompañaba sus apariciones en escena, después de ser presentado por el presentador-director del mismo, Boris se subió encima de la mesa, cosa nada rara en él, y declaró en tono solemne:
- ¡Tengo algo muy importante que deciros! Todos sois conscientes de que los años no pasan en balde...Uno va llegando a una edad en que es imposible negarlo ¡y mucho más disimularlo! ¡Sí, lo reconozco! ¡Lo admito! ¡Me estoy poniendo gordo! ¡Estoy hecho una foca! ¡Tengo michelines! ¡He quemado ya más de diez camisas ajustadas que me marcaban horrorosamente la barriga! ¡Me siento como una morcilla! ¡Apretado a presión en una tripa de cerdo! -risas estridentes del respetable- Pero eso se va a acabar...Lo digo públicamente, ¡para que toda España lo sepa! ¡Voy a hacerme una liposucción! -aplausos y gritos ensordecedores- Pero no va a ser una liposucción cualquiera... ¡Será una liposucción solidaria! Todos conocéis a mi chico, Rubén... ¡Él me hará la operación! ¡De él ha sido esta maravillosa idea! ¡Mi grasa sobrante no caerá en saco roto! ¡Irá a parar alguien que realmente la necesite! ¡A algún pobre niño que pase hambre en África o en cualquier otra parte del mundo! Aún no sé cómo, ¡pero lo haremos posible! ¡Y aconsejo a todo el que esté en mi situación que siga mi ejemplo!
Ante semejante confesión en riguroso directo, el público no pudo sino prorrumpir en una unánime ovación: "¡Boris! ¡Boris!" El portador de tan coreado nombre procedió a realizar varios tipos de reverencias marca de la casa...El resto del programa de tan memorable noche, que pasará a los anales de la historia televisiva con letras de oro, se dedicó a desgranar el modus operandi que se iba a poner en práctica para llevar a cabo tan encomiable acto de caridad. Fueron desfilando por el programa los diferentes colaboradores habituales, a los que se unió, de forma totalmente inesperada y para regocijo infinito del público, el novio de Boris, el doctor-cirujano Rubén, que declaró:
- Esta iniciativa sólo es posible con vuestra ayuda. Me he informado bien de cómo podemos hacer que toda la grasa que aquí nos sobra llegue a lugares donde escasea...Me he puesto en contacto con una importante empresa que se dedica a la fabricación de oleoductos...Ya se han puesto a trabajar en el proyecto de construcción de una red de canalización que tenga como origen mi clínica de estética...Toda la grasa que yo extraiga será transportada a través de kilómetros de tuberías hasta llegar vía intravenosa a la pobre gente que realmente la necesita...Pero, como sabéis, todo en esta vida tiene un precio...Y el de la construcción de semejante red de canales es extremadamente elevado...Por eso os pido que colaboréis en la medida de vuestras posibilidades para que este sueño se haga realidad...
El público estalló en un interminable aplauso. A los pocos minutos se puso a disposición de los televidentes un número de cuenta bancaria para que transfiriesen en ella sus donativos; el número quedó estampado en la parte inferior de la imagen durante toda la retransmisión. Xavi Sardana, presentador-director del programa, declaró:
- La recaudación que obtengamos a lo largo de todo este mes con lo de los politonos para los móviles irá a parar a las arcas de la Fundación que tengo el honor de bautizar como Fundación de la Lipofilantropía. Además, quiero anunciar que donaré de mi propio bolsillo la cantidad de ***** euros (preferimos no hacer pública aquí la cantidad que declaró, aunque cualquiera que esté interesado en conocerla puede hacerlo consultando en las hemerotecas).
Uno de los colaboradores más polémicos, el incisivo y corrosivo Coto de Cazamoros, de profesión vividor, declaró con su ironía chulesca-rufianesca habitual:
- A mí todo esto me parece un circo de lo más obsceno...Pero no seré yo quién lo censure...No seré yo quién construya una presa que impida la circulación de los ríos de lípidos que se avecinan...Además, si esto va a permitir que veamos en vivo y en directo la panza de Boris mientras es descongestionada de grasa por el bisturí del m****** (aquí dijo un sinónimo poco respetuoso de homosexual) de su novio, sólo por eso merecerá la pena semejante farsa...
Otro de los contertulios, Gasset Cano, famoso torero veterano que se resistía a retirarse; conocido también por ser el afligido viudo de una apreciadísima coplera, anunció:
- Me comprometo a organizar una serie de corridas de toros a lo largo de toda la geografía española para recaudar fondos para la causa.
Al final del programa la cifra de euros recaudados era de seis cifras...Y durante las semanas siguientes la cantidad fue subiendo como la espuma...De tal modo que a los dos meses del anuncio se comenzaron las obras de canalización subterránea. Obras que presentaron no pocos problemas, debido a inesperados socavones, pero que culminaron exitosamente un año después. La clínica del doctor-cirujano se equipó con un total de veinte quirófanos, de cada uno de los cuales salía un lipoducto de miles de kilómetros de largo...Cada lipoducto iba a desembocar en un punto diferente del globo, a veinte clínicas construidas por la Fundación en las zonas más desfavorecidas del planeta. Doce de ellas en diferentes puntos de África, cinco en Asia y tres en América Central y del Sur.
Por fin llegó el día tan ansiosamente esperado...El día de la operación de la primera liposucción de la Fundación, la de Boris Godunov, claro está...Y que, como vaticinó Coto de Cazamoros, fue retransmitida en directo en prime-time...Ni que decir tiene que dicho acontecimiento televisivo batió todos los records de audiencia de la historia de la cadena de televisión privada por dónde se emitió, Tele Circo...Se vio en directo en un total de dieciséis países, y se llevó a cabo un despliegue de medios sólo comparable al de un gran acontecimiento deportivo... Se hizo un previo-operatorio con entrevistas a los principales protagonistas: el operado (Boris), el operador (El doctor-cirujano Rubén), el liporeceptor (un niño de siete años de una aldea africana llamado Akim, sobre el que se emitió un documental que mostraba sus paupérrimas condiciones de vida); así como a otros personajes de importancia: el torero Gasset Cano (principal donante de la Fundación y tesorero de la misma), Ricardito Bufón (el arquitecto responsable de la construcción del lipoducto), Xavier Sardana, Coto de Cazamoros...Todos pronunciaron frases memorables que permanecerán en nuestra memoria colectiva...Luego vino la operación misma, momento de tan sublime emoción que es imposible expresarla con palabras...A continuación se hizo un seguimiento vía satélite del viaje de la grasa succionada (un total exacto de tres kilos doscientos dieciséis gramos de lípidos de primera categoría) a través del lipoducto...Viaje que duró casi una hora y media y que fue retransmitido y comentado en su integridad (aunque hay que decir que se hicieron varias pausas para la publicidad, en total treinta y nueve minutos de anuncios). Finalmente llegó el momento álgido de la noche, momento en el que se estableció conexión con la unidad móvil trasladada a una de las clínicas africanas...Millones de espectadores fueron testigos de la primera transfusión vía intravenosa de lípidos. La grasa sobrante de Boris fue distribuyéndose simétricamente por el esquelético cuerpo de Akim...La operación resultó un éxito en todos los sentidos. Y acto seguido se dio paso al especial post-operatorio...Más entrevistas, declaraciones miles, emociones a flor de piel...Nadie podrá jamás olvidar la magia que envolvió como una espesa niebla todos los acontecimientos de esta imperecedera noche...
Y a partir de aquí empezó la locura, el delirio...La centralita de la clínica de la Fundación se colapsó con llamadas en demanda de liposucciones solidarias. En cuestión de horas, se formaron listas de espera cuanto menos cuatro veces más largas que las de la seguridad social...Cientos de cientos de personas estaban dispuestas a abonar el precio de la operación, que ascendía a **** euros (de nuevo remitimos a las hemerotecas a los interesados), precio bastante más elevado que el de una liposucción al uso, pero no hay duda de que la causa lo valía...Numerosas personalidades del mundo del espectáculo, de la cultura y del corazón pasaron gustosos por los quirófanos de la Fundación...No había semana en la que alguna de las principales revistas del corazón no destacase en su portada la visita de algún eminente personaje a la clínica...Una de las primeras fue la popular Marejadilla Díaz, cupletista esperpéntica entrada en años, cuya visita fue documentada en una de las revistas del corazón de más tirada del país con fotos y declaraciones que ocuparon siete páginas...He aquí sus impresiones a la salida de la operación: "Me siento mucho más ligera, más liviana...Pero no sólo físicamente, sino también moralmente, lo cual es mucho más importante...Es cierto que sucumbo a la vanidad del culto al cuerpo...Pero, ¿qué mejor forma de hacerlo que ésta? Me siento orgullosa de que mi grasa pueda ayudar a alguien...” A la semana siguiente se publicó un reportaje en el que Marejadilla visitaba a la receptora de sus lípidos, una niña que vivía en algún lugar perdido de China...Las fotos de Marejadilla abrazando y besando a la niña hicieron las delicias de los lectores. También pasaron por la clínica personajes tan queridos como Sara Fueinfiel, cabaretera y actriz momificada, o la flamante ganadora del concurso de nuevos talentos de la canción, Operación Vozarrón, la simpaquitísma Azucena de España. También se rumoreó que un miembro de la familia Real hizo el honor a la Fundación de donar su grasa "real" o su "real" grasa, como gusten, pero este hecho jamás se ha podido comprobar ya que no se ha encontrado ningún documento ni gráfico ni orgánico que lo atestigüe...
Durante más de tres años el prestigio de la Fundación fue creciendo de modo imparable, su nombre sonaba como uno de los favoritos para obtener el Premio de la Solidaridad y la Concordia otorgado por otra importantísima Fundación, la de los Premios Príncipe de Harturias. Pero estalló el escándalo. Una noche, una de las cadenas de la competencia de Tele Circo, su más directa rival, de hecho, que no era otra que Antena Fresh, anunció el siguiente e inquietante spot: "Próximamente, en nuestro programa de cámara oculta In Fraganti, toda la verdad sobre la Fundación de la Lipofilantropía y sus dirigentes". Durante los días siguientes se formularon todo tipo de especulaciones sobre el alcance de las averiguaciones de dicho programa de investigación, pero ninguna tan sorprendente como la realidad...El programa fue record de audiencia de la temporada y sirvió para que Antena Fresh tomará cumplida venganza de pasadas derrotas frente a su archienemiga cadena. In Fraganti destapó tres irregularidades cometidas por la Fundación y sus dirigentes, a cual más grave y sonrojante...La primera de ellas tuvo como protagonista al torero Gasset Cano, tesorero y uno de los máximos donantes de la Fundación. Fue grabado con cámara oculta por un supuesto funcionario de un ayuntamiento de una localidad del sur de Andalucía. En el video se constata como Gasset Cano hace uso fraudulento de los fondos de la fundación para adquirir ciertos terrenos rústicos en connivencia con el alcalde de la localidad, Julián Muñón, el cual se compromete a convertir los terrenos rústicos en edificables en menos de un año. En el video se escucha a Gasset Cano comentar: "Te pago ese precio tan elevado que me pides porque la pasta no es mía, es de la Fundación, pero ya sabes, liberaliza el suelo cuanto antes..." El segundo personaje pillado en situación poco honrosa fue el doctor-cirujano Rubén. En un video grabado a altas horas de la madrugada en un club de alterne para gays se puede ver al doctor-cirujano acompañado por uno de los boys...El locutor advierte de que el video no se emite en su totalidad, ya que se ha respetado la intimidad sexual del doctor-cirujano...Pero sí se le puede ver a la hora de pagar los servicios prestados. Se le escucha claramente decir: "Toma, cóbrate lo mío y lo de mi amigo Juanchi de aquí, de la tarjeta esta..." La cámara enfoca con increíble precisión a la tarjeta, en la que se puede leer con nitidez: Fundación de la Lipofilantropía. El tercer golpe al ya moribundo prestigio de la Fundación se le dio desde el propio corazón de la misma. Un reportero de In Fraganti se infiltró en la clínica como ayudante de quirófano y dejó constancia audiovisual de lo que allí ocurría...He aquí la conversación del reportero con uno de los cirujanos:
- Pero, este lipoducto no va a ninguna de las clínicas de los países pobres, ¿verdad?
-¡Claro que no! -responde el cirujano- La mayor parte de la grasa que extraemos, el 85% aproximadamente, va destinada a engordar las vacas y terneros de una empresa de comida rápida, Mc Lucas, nos la pagan a buen precio, sólo el 15% va para los pobres...Tiene gracia, ¿eh? ¡La grasa que les sacamos aquí luego se la comen en las hamburguesas! jajaja
Ante semejantes revelaciones se puede uno hacer a la idea del oprobio en que sucumbieron la Fundación y sus principales dirigentes...El escándalo alcanzó cotas descomunales. La Fundación fue clausurada inmediatamente y sus dirigentes puestos en manos de la justicia. El peor parado fue el doctor-cirujano, que fue condenado a dos años de prisión por delitos contra la salud pública; además se supo que la cifra gastada por él en diversos clubs de alterne gays ascendía a varios miles...La empresa de comida rápida también se vio envuelta en diferentes litigios que aún perduran....El torero Gasset Cano no fue condenado porque no se dio como válida la prueba de la cámara oculta, pero su prestigio y, sobretodo, su salud mental quedaron seriamente dañados. Cuando, años después, en un programa del corazón, le preguntaron sobre el tema de la Fundación y de la recalificación de terrenos, respondió:
- ¡Déjenme en PAZ! ¡Déjenme VIVIR! -y acto seguido se rió de forma nerviosa y frívola y dijo: "AYYY"
Y así ocurrió todo, y es que, como escribió aquel genial escritor ruso, "se diga lo que se diga, sucesos por el estilo ocurren en el mundo; pocas veces, pero ocurren." Mejor final, imposible.

Hace unos días encontré este relato a raíz de mi grupo “Nosotros los escritores noveles” que me llamó un tanto la atención, un relato original realizado con mucha imaginación, su ironía pone en su sitio a la lacra de esta sociedad, el “cutre famoseo” televisivo.
Su autor, un profesor de alicante, Manchini, te damos la bienvenida a lomos de tu corcel Rocinante: “http://capticjorge.blogspot.com/
Desde aquí felicitarte y darte las gracias por tu buena disposición, es un honor mostrar tu relato “Lipofilantropía”, aquí en nuestra humilde revista DeGozel.

La gatera

A Luis siempre le había gustado los animales, concretamente los felinos.
Nació y creció entre una marabunta de gatos y pelo.
El que visitaba su casa, sabía de antemano lo que se iba a encontrar, una meada aquí, una cagada allá y visitas asiduas de rameras en busca de guita.

Todas sus pertenencias se podían resumir a dinero y gatos; parecía ser feliz rodeado de aquellas criaturas solitarias y errantes.
Nunca estaba acompañado, a no ser que fuera pagando o invitando.
Con el paso del tiempo veía como iba tomando una actitud minina y desconfiada.
Un día me sorprendió al decirme:

-Estoy pensando en montar un negocio.
-Bien, ¿y puedo saber qué tipo de negocio estás tramando?- pregunté.
-Una aventura innovadora y extravagante.
-Escupe, me tienes en ascuas.
-Una tienda de compañía animal, ya sabes, hay mucha gente solitaria en la ciudad...
-Joder, sólo a tí se te ocurriría una idea de tal calibre.
-Sabes, llevo meditándolo un tiempo- prosiguió.
-¿Y me puedes decir qué clase de animales vas a introducir?
-Gatos- afirmó.
-Lo imaginaba.

Al mes de tener la conversación, mi amigo Luis ya estaba enfrascado en su excentricidad;
empezaba a darle forma al negocio.
Situado en pleno centro de la ciudad, durante el día había un incesante ajetreo de personas en su calle; parecía un hormiguero.

Comenzó reformándolo por completo. Contrató a unos grafiteros para estampar sus ingeniosos dibujos mentales en las paredes. Daba una sensación de acogida.

-Que, ¿te gusta?- me preguntó-.
-¡Oh, sí!, está de puta madre, tío.
-Dentro de dos días lo inauguro, vendrás... ¿no?.
-Sí, por supuesto, ¿tengo que venir con alguna mascota?
-Sí, con dos gatas, una para mí y otra para tí, jeje.
-Que cabronazo eres, sigues como siempre.


Al comienzo de la calle ya se podía intuir el bullicio del gentío chismoseando entre ellas curiosas, mirando ojopláticas desde el escaparate lo que sucedía ahí dentro. Desde lejos, el tumulto se podía confundir con las rebajas de el Corte Inglés.

-¡Dejen paso, por favor!- vociferé entre aquella muchedumbre.

Nadie parecía inmutarse, sólo dos personas que me obstaculizaban el paso se apartaron del camino a la entrada al recinto, así que tuve que abrirme paso a codazos.
Por fin llegué a la puerta, y en verdad aquello parecía un auténtico cotillón.

Había mujeres rubias de pelo liso y tacones altos, morenas embutidas en trajes ceñidos exhibiendo trasero, pantalones ajustados marcando labios, hombres con traje y corbata, y una multitud de felinos dispersados aleatoriamente ajenos a aquella confusión.

Incrusté involuntariamente mi rodilla contra la esquina de hierro de un bloque publicitario con el consiguiente dolor, pero al levantar la mirada observé aliviado que era un pequeño e improvisado bar.

-Sírvame una copaza de pacharán con dos hielos, rápido- exigí al camarero.
-Sí, ahora mismo Señor- obedeció resignado.

Ahí me dirigía yo, con mi copa de pacharán en mano abriéndome paso entre la concurrencia.
Eran las 22:45 y música chillout sonaba en el ambiente.

Al final del recinto en un amplio sofá rojo pude atisbar a Luis, con un puro en la boca y
acompañado de dos hermosas mujeres sentadas en su regazo; una mulata de cara angelical y una rubia con vestido rojo.
Le hice un gesto obsceno con la mano a modo de saludo pero él ni se inmutó, parecía estar absorto en su seductora compañía.

-¡Luis, hijo de puta!- grité para reclamar su atención.
-Qué pasa tío, ven aquí.
-Joder, menuda fiesta de inauguración has montado.
-Sí, quería hacer algo realmente grande, tal y como va a ser mi negocio- afirmó convencido.
-¿Y éstas quiénes son?- a simple vista parecían unas chicas de moral distraída.
-Ah si, disculpa que no te las haya presentado... siéntate.

Me acomodé no sin antes despachar a una pareja de gatos persas que estaban fornicando ignorantes a la vista del gran público.

-Ella, la mulata es Isabel...
-Muac, encantada- me estampó sonoramente un beso en mi mejilla derecha conforme pasaba la mano por mi paquete.
-Y esta otra es Eva...
-Hola encantada- me extendió su mano.
-Un placer- cumplimenté besando su zarpa.

Isabel pasó sutilmente del regazo de Luis al mío en un movimiento ágil y fugaz.
Me susurraba frases cachondas al oído mientras su mano se iba deslizando insinuante por el interiror de mis calzoncillos. Yo, ante tal situación y excitación le pregunté a Luis si había un reservado y él me indicó una puerta pequeña contigua a los váteres.

Cogí a Isabel de su prodigosa mano y la llevé a aquel cuarto sin ofrecer oposición. Antes de entrar aprecié un orifico circular a la altura de mi tobillo izquierdo, (supongo que era una gatera) del que se filtraba un tufo irrespirable a mierda y meadas.

Pero yo no podía refrenar mis instintos mas primitivos, iba como un borrico. Abrí la puerta y observé un grupo de gatos haciendo sus necesidades en cajas de arena.

No había nada en aquella habitación: ni un sofá, ni una misera silla; nada. Sólo las cajas y la compañía de esos mininos autistas que nos miraban con curiosidad. Me recosté en el gélido suelo de baldosas e Isabel hizo lo propio...
Recuerdo que estuvo de puta madre, estuvo de putísima madre.

Al salir de mi letargo estaba tumbado de medio lado, con mi brazo derecho recostado sobre un cojín que sustituía al cuerpo lujurioso que unas horas antes me había trabajado; sentía mis partes nobles escocidas como si me las hubieran rociado con algún producto químico. Estaba solo, ni rastro de Isabel ni tan siquiera de la compañía de aquellos felinos.
Me levanté para vestirme y percibí que me faltaba la cartera de mi bolsillo trasero del pantalón.

-¡Hija de la gran puta!- aullé.

Salí furiosamente del reservado pero ya no había nadie en el local. Sólo la puerta entreabierta de la entrada y mi amigo Luis tirado en el sofá. Miré mi reloj y marcaba las 5:33 de la madrugada.

Me acerqué más a Luis y reparé que tenía sangre en la boca y dos gatos sentados sobre su pecho lamiéndole el líquido todavía caliente.
Escarbé en el bolsillo de mi pantalón en busca del móvil, pero tampoco lo tenía...esa zorra me había robado todas mis pertenencias.


Esa misma mañana el negocio estaba precintado y la misma marabunta que se congregaba en el escaparate la noche de la inauguración, asistía incrédula e impotente a la salida del cadáver.

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Libro Rock Springs

Rock Springs
Relatos
Autor: Richard Ford
Editorial: Anagrama
247 páginas

Este es el último libro que he tenido el placer de leer: Rock Springs.
Posiblemente, el mejor libro de relatos que he leído este año. Se compone de diez relatos donde el autor (Richard Ford) narra exquisitamente con una prosa vigorosa e impactante, paisajes, personajes, vidas a la deriva, gente fracasada, situaciones extremas, etcétera .
El autor juega con los sentimientos del lector de una manera sutil.
Destacan sobre el resto los relatos titulados: Niños y Carreras de galgos.


Se ha hecho un hueco entre mis favoritos por derecho propio. Es de esas lecturas que te dejan un buen poso con el paso del tiempo, de esos libros que sabes que en un futuro vas a releer y que guardan un lugar privilegiado en la estantería.

En resumen: Una gran obra maestra y un estandarte en cuanto a libros de relatos se refiere; totalmente recomendable.

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Rosaledas de noche



La luna, se muestra altiva y majestuosa,
y en la sinuosa oscuridad nos envuelve
en una efímera atmósfera desterrada,
por las noches las maldades se crucifican
en el calvario dulce de mi rojiza hoguera,
doblan las campanas, se funden y batallan
avanzan por la fría madrugada del espasmo,
donde las horas se incendian entre sabanas negras
huyendo despavoridas por gemidos que asesinan
todas aquellas sensaciones ajenas de un gozo
que aun no tengo y perversamente deseo contigo.
La sombra de mi sed te bebe como cuervo
buscando la salida de tu vida a través de tus ojos
que me atraen con las gárgolas benditas de tus labios,
con deseos de poseerte y revivir esta rosa marchita
fustigando rezos en la sangre que grita de placer
clamando mieles por la lava pecadora de tus venas
con dientes que escalan las paredes del alma.
Mírame, siénteme, tu eres el elegido de mi noche,
tres espinas son estigmas de tus labios y tu lengua,
madero de mis pasiones que se cimienta a tu tierra
en las oscuras rosaledas donde duermen los amantes.
Sí… Entre siglos de raíces bajo la escarcha de un pétalo
dejaré libre mi instinto en un rojo beso marcando tu alma
poniendo un tono dulce a mi fría y silenciosa morada.


Navegando por la red, encontré este divino tesoro con forma de poema, desde Argentina  y España, sus creadores:  Silvia Aguilar más conocida en la red como “Colibrí”  vuela desde Argentina con gran devoción por las letras, su blog que os recomiendo encarecidamente: http://huellasverdesyrojaslejaniasyquimeras.blogspot.com/ y  su mentor Ricardo Martell un poeta Español,  ataviado con “La Toque Blanche”,  que nos deleita todos los sentidos inclusive el del gusto, no  os podéis perder su “sabrosa” pagina http://www.ricardomartell.com/index.html 
Desde aquí felicitaros a ambos y daros las gracias por compartir vuestro poema con nosotros.